Hoy en día se acostumbra, a ver la vida con mucha frialdad, se prefiere a los individuos que en apariencia se mantienen libres de alguna limitación, y cuando se encuentra una persona con capacidades diferentes se le mira y trata de distinta manera, en ocasiones se convierte en el artista de circo, pero sin remuneración económica ni afectiva.
Por lo regular la gente cree que nunca se verá inmerso en una situación similar, y tiene la tendencia de juzgar a la ligera sin ponerse a pensar lo que implica vivir constantemente bajo las garras de la discapacidad.
Un ser humano que vive y disfruta de todas sus capacidades, puede cambiar su vida con un accidente o enfermedad mal cuidada como la Diabetes. ¿Quién se pone a pensar en ésta situación?
La gente con capacidades diferentes tiene que cubrir sus necesidades para vivir, y abastecerse por sí misma.
Se cree que son diferentes, se les ve limitados, el mundo laboral les cierra las puertas o cuando se trata de un profesional técnico, desvalorizan su trabajo mediante el pago de un salario menor al que le corresponde.
Sin embargo en otros ámbitos se les exige igual o más que a sus compañeros. ¿De que se trata?
Los automovilistas que no tienen necesidades diferentes fácilmente ocupan los lugares reservados para aquellos que sí lo necesitan, es decir para los que carecen de sus extremidades, o la función de éstas está disminuida y no pueden caminar, o lo hacen con muchas dificultades, y casos similares; el usuario del transporte público y privado tampoco se digna a respetar los lugares que pertenecen al individuo con necesidades especiales.
Hoy en día es tiempo de expandir nuestra conciencia ACEPTANDO a los individuos con capacidades diferentes tal y como ellos son; ya que estas personas desarrollan otras facultades, como recompensa de las capacidades faltantes o disminuidas, las aptitudes alternas le ayudarán a sustituir el miembro que le haga falta.
De lo anterior podemos inferir que la discapacidad es un reto y que todos los seres humanos que habitamos dentro de éste planeta tenemos el derecho para desarrollarnos (emocional, intelectual, y laboralmente) y ser hombres o mujeres de bien. Sin sufrir discriminación o calificativo alguno.
Jeftzibá Torres