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3/9/13

Quien llena mi Soledad

La mayoría de las personas vive deseando sólo lo que ven los sentidos afuera. ¿Qué ropa compro hoy en el shopping?, o ¿quién me amará esta noche aunque sea por un rato?, o ¿quién vendrá a mi vida? Será, quizás, quién llenará los huecos de mi carencia; mi propio vacío. Ya no importa que "yo llegue" a mi vida; lo más importante para mí es que "otro llegue" y oculte un poco mi vacío existencial.
Entonces, cuando los otros se van, me abandonan, o se mueran, yo lloraré desesperado diciendo: "qué horror, se me fue dejándome tan solo… qué será de mi ahora?"
Dejemos de autoengañarnos por un instante. Porque la partida del otro lo único que hace es reflejar el vacio profundo de mi existencia.
Que sólo siento más o menos cubierta cuando los demás andan por allí a mi alrededor. Y si de paso hacen lo que yo quiero, tanto mejor; si no lo hacen igual yo "aguanto" heróico porque soy muy espiritual, con mi "octavo" nivel de reiki… y con mis ciento ocho técnicas para repetir el nombre del señor en mis meditaciones. Además, recién vengo del Uritorco; vi las naves extraterrestres… Entonces una pregunta provocadora sería: ¿y para qué vas al Uritorco a ver las naves? "Para ver si me rescatan el día de mañana…
¿Te rescaten de quién?
NO… basta de engañarnos...
Nadie puede ser rescatado de sí mismo.Tu no puedes estar contigo mismo. Entonces querés que alguien venga y te rescate, ¿verdad?
Entonces, es obvio, que si nadie nos enseñó a reconocer quienes somos realmente, seamos muy infelices casi todo el tiempo.
Por eso, son heróicos, quienes se plantean cómo hacer para cambiar la "información" de una vida.
En un punto el desánimo es tan grande, que es una maravilla la oportunidad que se te presenta. Porque es sólo desde el desánimo, cuando el mundo ya no nos satisface, cuando comprendemos que "nada ni nadie" llena nuestra vida, sino aparecemos nosotros mismos en ella, que podemos empezar a encontrar la verdad.

Entonces ahí se encuentra la gente que dice: "¿que hago ahora? No me quiero ir sin haber vivido primero, quiero descubrir por qué y para qué estuve acá, quiero el argumento de la historia, quiero ser el dueño de lo que me quede de vida". Esas personas están listas para dar ese salto cuántico; o lo que tantos maestros en el transcurso de los siglos refieren como "has llegado hasta el umbral".



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17/6/13

La Furia y la Tristeza

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta... 
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida LA TRISTEZA...
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